BMW 323i (E21)


1 Estrella2 Estrellas3 Estrellas4 Estrellas5 Estrellas (Valoraciones)
Cargando…

Las líneas básicas del diseño de la nueva serie 3, que debía sustituir a la exitosa gama 02, las había definido ya Paul Bracq a primeros de los 70 cuando dibujó el que sería el modelo E12, es decir, la cuasi eterna serie 5. Los ‘riñones’ de BMW seguían presentes en la rejilla anterior y la característica inclinación de ésta, avanzada por arriba, remataban el aire de familia. Se tomaba también de los serie 5 el nervio central del capó y la peculiar línea del pilar C, aúnque fuera un dos puertas. Solo el diseño trasero levantó cierta polémica, por adelantado a su época quizá, que se solucionó incrustando una falsa rejilla plástica entre ambos pilotos.

Con todo lo dicho nos encontramos con un coche que quiere mantener el espíritu del 2002, que es más sedán que propiamente deportivo y que supura medias tintas. Desde mi punto de vista, no se logró un conjunto muy armónico que digamos. De hecho, y a pesar de los 1,36 millones de unidades vendidas, no fue el ‘superhit’ que la marca esperaba. Pero es que además, en cuanto a lo que nos interesa hoy aquí, los BMW’s de los años 70 y 80 no tienen una buena vejez. Se depreciaron dramáticamente y no terminan de remontar, excepto honrosísimas excepciones.

Pues bien, con el coche del que hablamos hoy, me da la sensación que el mercado se equivocó, sino es que sigue equivocándose. El 323i fue el tope de gama y ya montaba el motor M20 de seis cilindros (obviaremos a estos efectos las rarísimas unidades de 325M que se produjeron, precisamente por su escasez) Y creo que no se le valoró justamente porque cuando uno se pone a los mandos y empieza a notar el vigor de su motor de 143 CV, su rabiosa manera de entregar esa potencia y su fuerte carácter; entiende lo que significaba para BMW mantener contenta a su clientela ex-2002. Nuestro 323i es sencillamente ‘nervioso’. Es como un gato del que nunca te puedes fiar por mucho que ronronee.

El día de la prueba había llovido muy ligeramente, por lo que el suelo estaba de aquella manera. Llego a una rotonda y de su caja de cinco velocidades elijo la tercera, suelto embrague, rozo el acelerador y el angelito se me cruza rebeldón. Parece que ha empezado el rodeo, así que me dirijo al aparcamiento de un centro comercial (cerrado por ser domingo) y me dedico a la doma de todos estos potros. ¡Vaya escandalera que organizan! El tren trasero sobrevuela el suelo más que pisarlo y decidimos intervenir sobre las presiones. Bajamos de atrás y subimos ligeramente de delante. Ahora es otra cosa. Por lo menos pisa y se deja dominar. Aprovechamos para probar de manera fehaciente los cuatro frenos de disco exclusivos de esta motorización. Más que suficientes, además los delanteros son ventilados en el 323i, por lo que llegar al ‘fading’ debe ser complicado.

Vámonos a carretera, que ya vale de laboratorio. En autopista es un rutero sin ningún pero que ponerle. Yo quiero verle metido en harina por carreteras secundarias. Y la verdad es que me sorprende gratamente. El motor es impecable y me encanta hasta su sonido. El bastidor, que es lo que más escepticismo me inspira, me va dando confianza poco a poco. Noto esa tensión de las inercias a punto de explotar, pero nada sucede. Una curva, su contracurva, ligero toque a los frenos en apoyo, por probar. Nada. Sigo cada vez más convencido de las posibilidades del coche. Giro a izquierdas en un cruce y entro en una carreterilla más estrecha aún.

Y ahí voy tan calentito, hilvanando una curva tras otra, cuando, de repente, ¡zas! latigazo en la trasera ¡epa! ya se ha despertado el gato y ha pegado un bufido. La verdad es que solo es soltar gas y volver un punto el volante para que todo torne a su ser, pero… No resulta confiable.


Compartir en

Escribe un comentario en "BMW 323i (E21)"

Escribe un comentario